Actualmente, muchas grandes empresas dedican algún espacio o tienen alguna línea de acción para enfatizar la igualdad de oportunidades ofrecidas a las mujeres. Son empresas que se preocupan por mostrar la importancia que dan al hecho de incorporar a las mujeres en las estrategias empresariales. Dicha preocupación parece ser una posición políticamente correcta en tiempos en que aumentan, afortunadamente, en muchos países, las políticas específicas para las mujeres, con el fin de reducir la desigualdad histórica.
Artículos del boletín
Hoy nos enfrentamos a una fuerte reestructuración del sistema capitalista para mantener el orden de opresión y explotación que evidencia y amplía los mismos mecanismos violentos de acumulación que estaban en su origen.
“Son los movimientos de mujeres rurales los que han estado al frente de acciones públicas masivas que enfrentan a las grandes empresas del sector agroalimentario (laboratorios farmacéuticos que producen semillas transgénicas y agrotóxicos) y defienden la biodiversidad.” (SILIPRANDI, 2013, p.239)
Un interesante informe de Edwin C. Perry, Cheryl Potgieter y Urmilla Bob (1) analiza las relaciones entre los conflictos ambientales y las mujeres.
Los autores se suman a los movimientos de mujeres, las organizaciones no gubernamentales y los investigadores que prestan cada vez más atención a la violencia contra las mujeres y a la necesidad de examinar cómo dicha violencia se relaciona con las situaciones de conflicto.
La Okomu Oil Palm, que opera en el rubro del aceite de palma y la producción de caucho, fue establecida en 1976 como un proyecto piloto del gobierno federal de Nigeria, que ocupaba un área de 15.580 hectáreas de las cuales 12.500 podían ser dedicadas a la palma aceitera. En 1979, la compañía fue convertida en sociedad de responsabilidad limitada y, en 1990, en el marco de un programa de ajuste estructural, se transformó en una sociedad anónima (S.A.).