La novena Conferencia de las Partes del Convenio de la ONU sobre el Cambio Climático, realizada en Milán en 2003, permitió a los gobiernos y a las empresas del Norte establecer plantaciones en el Sur en virtud del “Mecanismo de Desarrollo Limpio” del Protocolo de Kyoto, supuestamente para absorber dióxido de carbono y almacenar carbono. La COP-9 permitió el uso de plantaciones de árboles de ingeniería genética [conocidos también como árboles genéticamente modificados, GM o transgénicos] como sumideros de carbono, que supuestamente compensan las emisiones de carbono.
Artículos del boletín
El 11 de setiembre de este año, el Instituto Brasilero del Medio Ambiente y Recursos Naturales y Renovables (IBAMA), que es la autoridad brasileña de Medio Ambiente, aprobó el Estudio de Impacto Ambiental para la construcción de dos represas en territorio brasileño, sobre el río Madera, el mayor afluente del Amazonas.
El mes pasado escribí un artículo sobre la certificación FSC de la “silvicultura de aldea” en Laos. El artículo se basó en un informe filtrado de un proyecto del Banco Mundial y el gobierno de Finlandia, el Proyecto forestal sustentable y desarrollo rural (SUFORD). El informe del SUFORD documentaba graves problemas con el madereo vinculado con el proyecto, 39.000 hectáreas del cual han sido certificadas por SmartWood según el sistema del Consejo de Manejo Forestal (FSC).
De manera similar a lo que ha sucedido en varios países del Sur acosados por siglos de colonialismo, la riqueza de Liberia también ha sido su maldición. Los bosques tropicales ocupan el 47 por ciento de las tierras de Liberia. Entre 1989 y 2003, los ingresos originados por los bosques fueron utilizados para financiar un brutal conflicto alimentado por el saqueo de los bosques. La madera constituía un recurso clave para las facciones armadas de Liberia. Salía madera y entraba dinero y armas. Se habían otorgado tantas concesiones que totalizaban más que el área de tierras de Liberia.
En el año 2004, a la Red Alerta contra el Desierto Verde -que realiza campañas en Brasil contra la expansión de las plantaciones de árboles- se le ocurrió la idea de establecer el 21 de setiembre (Día del Árbol en Brasil) como Día Internacional contra los monocultivos de árboles. La idea fue apoyada por organizaciones en todo el mundo, que desde entonces llevan a cabo una serie de actividades especiales en esta fecha.
En el marco de la campaña nacional e internacional “¡Basta de violencia en el campo! ¡Corte este mal por la raíz!” impulsada por la Rel-UITA y la Confederación Nacional de Trabajadores en la Agricultura (CONTAG) de Brasil, contra la violencia rural en ese país, un equipo integrado por Álvaro Santos, Emiliano Camacho y quien esto escribe viajó desde Montevideo, Uruguay, al estado de Pará, en la Amazonia brasileña. El propósito fue filmar un video documental que recogiera testimonios de algunos de las decenas de casos de dirigentes rurales asesinados o amenazados de muerte.
El PEFC fue establecido entre 1998 y 1999 por sectores forestales nacionales –principalmente asociaciones de pequeños propietarios de bosques en varios países europeos- bajo el nombre de Esquema Paneuropeo de Certificación Forestal (Pan European Forest Certification Scheme). El cambio a su nombre actual (Programme for the Endorsement of Forest Certification Schemes – Programa para Avalar Esquemas de Certificación Forestal) ocurrió luego que diera su aval a otros sistemas no europeos.
La última Conferencia de las Partes (COP8) de la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD) adoptó una importante Decisión (VIII/19) mediante la cual “Recomienda a las Partes adoptar enfoques de precaución al tratar la cuestión de los árboles genéticamente modificados”
El programa de certificación forestal brasileño CERFLOR, avalado por el programa internacional PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification schemes), fue lanzado oficialmente en 2002 por el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio y comenzó a funcionar en marzo de 2003.
En el año 2000 los empresarios forestales chilenos anunciaron el lanzamiento de su propio sello de certificación forestal, CERTFOR. Este sello se creó bajo los auspicios de la Fundación Chile, el Instituto Forestal (Infor) y con el apoyo financiero de CORFO (Corporación de Fomento de la Producción). Habiendo intentado incorporarse al FSC --en aras de buscar legitimidad internacional-- y frente a la negativa recibida, CERTFOR acudió a otro sistema internacional de certificación: el PEFC.
Las concesiones madereras en el continente africano se perciben a menudo como unidades de manejo forestal. Sin embargo, es más apropiado verlas como una especie de moneda de cambio en un sistema más amplio de poder político y explotación.
La certificación de una operación forestal en virtud del sistema del Consejo de Manejo Forestal (FSC) debería significar que todos podemos estar tranquilos al saber que los bosques están siendo manejados razonablemente bien. Lamentablemente, parece que no es el caso. SmartWood, una certificadora acreditada por el FSC, certificó recientemente en Laos operaciones que de acuerdo con la Ley Forestal de ese país producen madera en forma ilegal.