Artículos del boletín

Organizaciones españolas llevan más de un año reclamando la cancelación de la certificación de “gestión forestal sostenible” concedida por el FSC a la filial de la empresa de celulosa ENCE (Norfor), sin obtener ningún resultado.
Lo que sigue son las conclusiones presentadas en un informe de viaje (disponible en: http://www.wrm.org.uy/paises/Venezuela/Gira2006.pdf) de la investigación realizada recientemente por 4 representantes de la Red Latinoamericana contra los Monocultivos de Árboles en la zona donde se encuentran ubicadas las plantaciones de Uverito, nombre con el se conocen alrededor de 600.000 hectáreas de plantaciones de pinos instaladas en los Estados de Monagas y Anzoátegui.
En tanto uno de sus fundadores, soy responsable al menos en parte de haber permitido que el sistema del FSC adoleciera de una falla fatal en el momento de su establecimiento: dicho en forma simple, las llamadas entidades certificadoras “independientes” acreditadas por el FSC no son, de hecho, para nada independientes.
El 1º de junio de 2006 se llevó a cabo el seminario “Los Derechos de los Pueblos Indígenas y el Avance del Agronegocio: preguntas y desafíos” en la ciudad de Vitória, estado de Espírito Santo, Brasil. Gracias al seminario, las comunidades Tupinikim y Guaraní y otras afectadas por los monocultivos a gran escala, además de varios sectores de la sociedad civil el estado de Espírito Santo, se reunieron para una reflexión profunda sobre este tema.
En marzo de 2006 el WRM publicó “Maquillaje verde. Análisis crítico de la certificación de monocultivos de árboles en Uruguay por el FSC” (véase http://www.wrm.org.uy/paises/Uruguay/libro.html). Este informe concierne a las cuatro principales empresas con plantaciones certificadas e incluye una crítica muy detallada de los informes de las empresas certificadoras que se complementa con entrevistas a trabajadores y gente de las comunidades locales de las zonas vecinas a las plantaciones.
Ecuador es uno de los países con una de las mayores tasas de deforestación a nivel mundial. En este proceso actúan diversos actores entre los que se encuentran no solamente las grandes empresas madereras que típicamente realizan sus actividades de extracción de madera fluctuando entre la legalidad y la ilegalidad, sino también las empresas que deforestan para instalar grandes monocultivos de árboles, desde palma africana hasta pinos y eucaliptos.
Gran parte de la población del mundo –en particular la masculina– está en estos días prendida a los televisores observando el campeonato mundial de fútbol. Si bien muchos son conscientes de que esto ya no es un mero deporte sino un gigantesco negocio globalizado, en el que los jugadores son poco más que gladiadores descartables al servicio de grandes empresas, igual no pueden dejar de ver, disfrutar o sufrir los partidos.
Un documento filtrado del Panel de Inspección del Banco Mundial [1] presenta abundantes críticas a un proyecto de manejo forestal del propio Banco en Camboya, por quebrantar las salvaguardias internas, ignorar a las comunidades locales y fracasar en el objetivo de reducir la pobreza, declara Global Witness, una organización internacional no partidaria -- uno de los nombres propuestos para el premio Nóbel de la Paz de 2003 por su trabajo para revelar de qué forma los diamantes han financiado guerras civiles en África-- centrada en las relaciones entre la explotación de recursos naturales y l
A medida que las manifestaciones del cambio climático se hacen cada vez más apremiantes, se intensifica la guerra para ver quién logra formular sus causas, efectos y soluciones. En todos los ámbitos, populares y políticos, una de las cuestiones políticas clave de nuestra época será cuáles voces se harán oír y cuáles no. En la esfera de la política internacional hoy el género brilla por su ausencia en los debates sobre cambio climático.
Desde 1990 se ha hecho mucho ruido en torno a los bosques de la Cuenca del Congo, para bien y para mal. Y una nueva ola medioambiental se abate sobre la República Democrática del Congo, de una amplitud muy parecida al “boom del Zaire” de los años de 1970. Pero cabe preguntarse si las administraciones forestales centroafricanas, que suelen estar sometidas a factores sociológicos insidiosos, se alinean con las aspiraciones y necesidades de bienestar de las poblaciones de la región.
Una computadora. Eso fue lo que el norteamericano Paul Lambert, representante de la empresa Tortuga Landing, le ofreció al Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) como compensación por haber construido un camino de 105 metros de largo por cuatro de ancho, y por eliminar la regeneración natural en un bosque de la zona marítimo terrestre en Quepos, localidad del Pacífico central. El hecho ocurrió durante una audiencia de “conciliación” celebrada el pasado 17 de febrero en el Tribunal Ambiental Administrativo (Expediente Nº 184-05-3-TAA).
A principios de la década de 1900 Gambia estaba cubierta por bosques densos y casi impenetrables. Actualmente quedan tan solo unos pocos remanentes de bosque primario y el 78% de la zona de bosque restante está clasificada como “vegetación de sabana degradada con árboles y arbustos”. La causa principal de este proceso de degradación del bosque puede ubicarse en la introducción del maní, que se convirtió en el principal cultivo comercial orientado a la exportación, en gran medida destinado a abastecer el mercado francés con aceite para uso industrial y doméstico.