Artículos del boletín

La provincia india de Bengala Occidental posee el singular récord de estar gobernada por el ‘gobierno de izquierda elegido democráticamente’ más antiguo del país, y de hecho, de todo el mundo, como nunca deja de señalar la izquierda. La violencia se impuso en este estado de ‘izquierda’ y el terror se desató contra los campesinos, los peones agrícolas y los pequeños comerciantes de Singur, una zona agrícola ubicada en la fértil cuenca del río Ganga.
La sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles (elaborados a partir de biomasa vegetal) puede parecer un paso en la dirección correcta para evitar el agravamiento del cambio climático. Sin embargo, los planes previstos para su producción y uso no sólo no solucionan ese grave problema sino que agravan muchos otros.
La Dirección de investigaciones biológicas y ambientales del Ministerio estadounidense de Energía está financiando con USD 1.400.000 un estudio de tres años realizado por miembros de la Universidad de Purdue, con el fin de encontrar el modo de modificar la lignina y averiguar si estos cambios genéticos afectan la calidad de las plantas utilizadas para producir biocombustibles.
En 1972, un estudio del Masachussets Institute of Technology (MIT) sobre las tendencias crecientes de consumo puso en alerta a los políticos y científicos de todo el mundo. El trabajo, denominado “Los límites del crecimiento”, fue encomendado por un grupo internacional de científicos, investigadores e industriales - conocidos luego como el Club de Roma - y se convirtió en un clásico para el análisis de la relación entre producción y ambiente.
Las modalidades de consumo y producción de biocombustibles ya están teniendo impactos negativos sobre la seguridad alimentaria, el sustento rural, los bosques y otros ecosistemas. Todo indica que tales impactos se acumularán rápidamente. La producción de biocombustibles en gran escala y dirigida a la exportación requiere extensos monocultivos de árboles, de caña de azúcar, de maíz, de palma aceitera y de soja, entre otros. Estos monocultivos ya son la primera causa de despoblamiento rural y deforestación en todo el mundo.
En el mundo hay unos 800 millones de automóviles que consumen más del 50% de la energía producida en el mundo, lo que hace del automóvil individual el primer causante del efecto invernadero. A pesar de que existe un consenso de que el cambio climático es una realidad, no hay intenciones serias de cambiar el estilo de vida que lo causa, y en lugar de ello, se buscan soluciones tecnológicas que permitan mantener las ganancias de las empresas que se benefician de este modelo.
En julio de 2006, Pulp and Paper International, la revista de la industria de la celulosa, presentó un informe sobre una conferencia llamada World Bioenergy 2006. Esta conferencia se llevó a cabo en Suecia, país donde los biocombustibles suministran el 25% de la energía y la mayor parte de la calefacción.
Actualmente todas las personas parecen estar de acuerdo en que el clima de la Tierra está cambiando como resultado directo de las actividades humanas y que las consecuencias sociales, ambientales, políticas y económicas serán catastróficas si no se hace nada –y rápidamente- para abordar el problema.
Hoy en día, el desarrollo de la infraestructura en nombre de la integración económica regional es una de las amenazas más grandes para la sustentabilidad ambiental y la justicia social. La iniciativa para la Integración de Infraestructura Regional en Sudamérica (IIRSA) es un ejemplo de estas nuevas tendencias. IIRSA propone una serie de mega-proyectos de alto riesgo que traerán como consecuencia un enorme endeudamiento además de profundos cambios en los paisajes y las formas de vida de la región.
Un exhaustivo informe a cargo de Leigh Brownhill y Terisa E. Turner (“Climate Change and Nigerian Women’s Gift to Humanity”) relata y documenta la resistencia nigeriana a la explotación petrolera masiva, que no ha traído beneficio alguno para la gente del país (véase el boletín Nº 56 del WRM), y destaca el papel de las mujeres que lideeran esa lucha.
El volumen de combustibles fósiles que la civilización “petrolera” quema en un año contiene una cantidad de materia orgánica equivalente a cuatro siglos de plantas y animales.
El Banco Mundial ha llegado a ser el principal comerciante internacional de créditos de carbono. Su nuevo papel crea una serie de conflictos de interés.