Artículos del boletín

El Acuerdo de Copenhague – alcanzado por un grupo de países durante la Cumbre de Copenhague sobre el Cambio Climático e impuesta al resto – fue definida por Praful Bidwai, del Transnational Institute, como “una parodia de lo que el mundo necesita para evitar el cambio climático”: el objetivo de que el aumento de la temperatura global sea de dos grados Celcius está 0,5 grados por encima del objetivo aceptado por la mayoría de los países de la ONU; los países pobres quedan básicamente librados a su suerte en términos de adaptación al cambio climático; y, finalmente, las violaciones del Acuerd
Los Penan han vivido en los bosques tropicales de Sarawak desde tiempos inmemoriales. Allí solían cazar y recolectar alimentos y vivían del sagú, una fécula que se extrae del corazón de los tallos de la palmera sagú, hasta que en los años 1950 decidieron establecerse en las aldeas donde hoy viven. (1)
El pueblo Naso, también conocido como Teribe, o Tjer-di, habita en el noroeste de Panamá, en la provincia Bocas del Toro, en un territorio de 1.300 km2 que abarca gran parte de la cuenca del río Teribe y del río San San. Este grupo indígena, que históricamente se defendió de los colonizadores y que ya estaba en esas tierras cuando llegaron los primeros conquistadores españoles a la región, continúa practicando la agricultura y la pesca de subsistencia en estrecha conexión con la naturaleza que lo rodea y le provee de alimento, abrigo, salud, ocupación y ocio.
¡La selva no se vende! ¡la selva se defiende! es el clamor en el distrito de Barranquita, provincia de Lamas, región San Martín. Los habitantes de los caseríos de la cuenca del río Caynarachi, en la amazonía peruana, han visto vulnerados los derechos de propiedad adquiridos sobre la tierra que trabajan. Ellos han sido verdaderos custodios de la selva, cuidando en sus propias parcelas su inmensa riqueza de flora, fauna y recursos hídricos.
Eso que llaman con tanta elegancia “cambio climático” es en realidad una de las violaciones más flagrantes de derechos humanos que se hayan cometido en la historia. Es un crimen de lesa humanidad.
Cuando se habla de violación de los derechos humanos, no es posible dejar de hablar de Colombia. Cuando se habla de la brutal expansión de las plantaciones de palma aceitera en territorios comunitarios, no es posible dejar de hablar de Colombia. Allí, ambos temas van de la mano.
La petrolera italiana Eni es una de las diez empresas energéticas más grandes del mundo y ahora la mayor de África. La empresa también está calificada actualmente como la compañía de petróleo y gas más “sostenible” del mundo.
Mientras en el planeta ya se hacen sentir los efectos del cambio climático, grupos de la sociedad civil advierten que lo que está en la raíz del problema es el actual sistema de producción, comercialización y consumo.
Antes de que llegaran las plantaciones, los aldeanos de Teluk Kabung, en la provincia Riau de Sumatra, cultivaban coco. Hace algunos años, miles de hectáreas del bosque que rodeaba la aldea fueron cortadas y reemplazadas por monocultivos de acacia, para abastecer las operaciones en gran escala de la empresa de celulosa y papel Asia Pulp and Paper. “Apenas cortaron los árboles del bosque, las plagas avanzaron y se comieron nuestros árboles de coco”, contó un aldeano a Mitra Taj, periodista radial de Living on Earth.
El complejo Mau – el bosque más grande de Kenia – ha sido el hogar ancestral de la comunidad Ogiek. A pesar de ser extremadamente importante como zona de captación de agua, como regulador del microclima y por su diversidad biológica, el bosque Mau ha sido despejado regularmente para establecer asentamientos y emprendimientos agrícolas privados con apoyo de políticas oficiales. La destrucción del bosque ha socavado los derechos de los Ogiek a la subsistencia, a la cultura, e incluso a tener un futuro.
A menudo se describe la energía hidroeléctrica como energía “limpia” o “verde” y como parte de la solución para evitar el cambio climático relacionado con los combustibles fósiles. Sin embargo, la energía hidroeléctrica apoyada por los gobiernos y promovida por las empresas implica la construcción de enormes represas que tienen como consecuencia la destrucción ambiental y la violación generalizada de derechos humanos, desde la pérdida del sustento hasta expulsiones forzadas y casos relacionados de represión.
El 41% del total del territorio de la región de la Sierra Madre de Chiapas – 227.000 km2, equivalente a la mitad de todo el territorio de Centroamérica – fue entregado a empresas nacionales y extranjeras en forma de concesiones mineras. Empresas mineras canadienses, estadounidenses y australianas, extraen de allí oro y plata, con la anuencia y protección de los gobiernos y el auspicio del TLC.