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El año pasado, unos 170 agricultores se reunieron en la comunidad agrícola de South Riana para compartir sus preocupaciones y ver la forma de impedir que valiosas tierras agrícolas siguieran convirtiéndose a plantaciones de árboles. Preocupados por el futuro de la zona, construida sobre la base de exitosas empresas lecheras y agrícolas, exhortaron al gobierno de Tasmania a prohibir el desarrollo de las plantaciones de árboles en las tierras agrícolas de primera calidad.
Al sur del estado brasileño de Bahía, a unos 45 kilómetros de la costa oceánica, en la divisa entre los municipios de Eunápolis y Belmonte, se encuentra la fábrica de celulosa de la empresa Veracel, una sociedad en partes iguales del grupo sueco-finlandés Stora Enso y Aracruz de Brasil, que dirige hoy uno de los proyectos de cultivo e industrialización de eucaliptos de mayor escala en el mundo.
De acuerdo con la definición de la FAO, las plantaciones de caucho son “bosques”. Recientemente estuvimos recorriendo uno de tales “bosques” en Kribi, Camerún y hablando con trabajadores y pobladores locales. A diferencia de los “expertos” de la FAO, nadie, absolutamente nadie, percibe allí a estas plantaciones como bosques.
La ONG india Samata y la inglesa Programa para los Pueblos de los Bosques (FPP) han descubierto que el plan de acción para la reubicación (RAP) del proyecto Andhra Pradesh Community Forest Management Project (APCFMP) financiado por el Banco Mundial lesiona los derechos consuetudinarios y el sustento de las comunidades e incurre en incumplimiento múltiple de las políticas de salvaguardia del Banco sobre Pueblos Indígenas y Reasentamiento Involuntario.
En 1977 la keniata Wangari Maathai, ganadora del premio Nobel de la Paz en 2004 y también parlamentaria y viceministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales, inició el Movimiento Cinturón Verde, que desde Kenia se expandió por todo el continente africano.
Durante décadas, la presencia de insurgentes comunistas preservó la frontera norte malaya de la explotación. Demasiado peligroso para abrirse al turismo o al “desarrollo”, el bosque Belum-Temenggor conservó su prístino esplendor mientras la nación construía superestructuras y supercarreteras y extraía madera de otros bosques.
La industria del papel está en pleno auge en Vietnam. En 1995, la producción de papel alcanzó las 220.000 toneladas. Para 2007, la Asociación Vietnamita del Papel aspira a producir más de un millón de toneladas de papel. La demanda excede ampliamente a la oferta y en 2006 se importaron 709.000 toneladas de productos del papel. Una gran proporción del papel producido se destina al embalaje, resultado de la expansión de la economía de exportación de este país.
El concepto de Bosques de Alto Valor de Conservación (BAVC) se creó como principio clave de la norma revisada del Consejo de Manejo Forestal (FSC) de 1999. Sin embargo, las indicaciones relativas al modo de identificar tales bosques eran escasas y no estaban bien consolidadas. En 2002 la organización conservacionista WWF y la empresa de comercio minorista IKEA decidieron, como parte de un programa cooperativo de tres años de duración, financiar un pequeño proyecto para elaborar una guía sobre la forma de definir, identificar y manejar los BAVC.
“En este tiempo que pasamos juntos aprendimos, gracias a los testimonios directos de los representantes de las comunidades locales de doce provincias de Camboya y también de otros países de la región, de qué forma las grandes plantaciones situadas en sus respectivas zonas afectan vidas, sustento y medio ambiente”.
Perú es uno de los pocos países de Sudamérica donde los monocultivos forestales aún no se han implantado a gran escala, pero el gobierno ya se apresta para promover su expansión. En efecto, el país ya cuenta con un “Plan Nacional de Reforestación 2005-2024” [Plan Nacional] y con una “Ley de promoción de la inversión privada en forestación y/o reforestación” [Ley de Forestación], que serían las herramientas fundamentales para justificar y viabilizar las plantaciones de árboles.
Hoy [12 de diciembre], cientos de indígenas de las siete comunidades Tupinikim y Guaraní en el Estado de Espíritu Santo, Brasil, ocuparon el puerto de Portocel, desde donde la empresa Aracruz Celulose exporta su celulosa a Europa, Estados Unidos y Asia.